Jueves, 19 Noviembre 2015

El simple hecho de cambiar un nombre

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Luis J. Bacallado

Periodista

El simple hecho de cambiar un nombre

 

Si por algo se caracteriza Gran Canaria en su historia contemporánea, es por la capacidad que han tenido como ente colectivo, como sociedad, para iniciar y auspiciar cambios que tambalean de un día para otro los pilares de cualquier estructura arcaica.

 

Célebres fueron los tiempos de Sagaseta y la UPC cuando aún Canarias no se había sacudido de encima la losa del franquismo, como también y en épocas mucho más recientes, el cambio de color político en una Isla redonda que ha pasado de ser cortijo de azules a nuevo fortín de verdes pistacho en un abrir y cerrar de ojos.

Para muestra, otro botón. Tal y como ya saben todos, los vecinos del populoso barrio de La Isleta han decidido en una reciente consulta popular que una de las calles más reconocidas de la capital amarilla recupere su antiguo nombre de La Carretera, defenestrando el actual de Juan Rejón.

 

A pesar de no tener carácter vinculante y de que el Ayuntamiento aún se debe pronunciar al respecto para valorar los resultados así como la participación de dicha consulta (la cual dicho sea de paso, tampoco fue numerosa en demasía), los acontecimientos que se dieron lugar el pasado martes en el local Pepe Dámaso de la Calle Benecharo dan lugar a una conclusión que sí representa algo verdaderamente trascendental.

 

Los grancanarios han demostrado una vez más que ejerciendo su derecho más democrático, el acto de votar, pueden decidir bajo un criterio de interés general que es lo que más le conviene como pueblo. Y en esa coyuntura afinan, y mucho.

Ésta vez fue el acto podríamos decir que simbólico de honrar la memoria de los antiguos canarios. Pero mañana la pregunta podrá ser, por ejemplo, en qué se gastan los emolumentos de una partida presupuestaria. Eso si los responsables públicos de la Capital del Istmo siguen en esta línea de participación ciudadana.

 

Una clase magistral de democracia de la que deberían tomar buena nota otros lugares en los cuales, adoleciendo de unas estructuras sociales rígidas y en muchos casos autocráticas, no han sabido mover los hilos del cambio. Por lo menos, en lo que se refiere al simple hecho de cambiar el nombre a una calle.

Modificado por última vez en Lunes, 05 Septiembre 2016 19:41