Sábado, 23 Febrero 2019

LA HUELGA SÁDICA

 
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Canarias Plural © Juanca Romero H.

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JUANCA Monadas001

 

LA HUELGA SÁDICA

Viajando en el Tranvía de Tenerife, entre la empatía y la antipatía

 

Desde hace ya algunos meses, la empresa Metropolitano de Tenerife S.A. (MTSA), cuya propiedad recae sobre el Cabildo Insular de Tenerife, está sumida en una huelga que tiene a gran parte de sus trabajadores con las pinturas de guerra. Alegan que no se están respetando sus horarios y turnos de descanso, algo que podría ser solventado con la contratación de una veintena de personas más.

Sobra decir que los empleados de esta millonaria empresa pública, tienen todo el derecho del mundo a expresar su malestar mediante la fórmula de la huelga, herramienta que la democracia nos ha dado para que no sean pisoteados nuestros derechos laborales y la dignidad que vestimos como seres humanos. Creo que a nadie se le escapa que estos trabajadores están sometidos al constante estrés que rodea a cualquier trabajador que se responsabilice de un transporte público de pasajeros, y el Tranvía de Tenerife presume de llevar en sus vagones una media de 60.000 usuarios al día.

Personalmente, y en esto soy transparente, he pasado por varios estadios en lo referido a la percepción que tengo de esta huelga. En sus primeras semanas empatizaba al 100% con sus empleados, llegando incluso a encararme con pasajeros que increpaban a los conductores y revisores por los retrasos en las líneas. En aquellos primeros días llegué a creer que sería cuestión de poco tiempo que se llegara a un acuerdo entre las partes, y que esos retrasos provocados como acción de la huelga, serían efectivos… ¡Pero no ha sido así!

Abro un paréntesis para apuntar cual es la fórmula que durante estos meses, y aún hoy en día, está utilizándose para manifestar el derecho a huelga. Intentaré esquematizarla.

De forma aparentemente anárquica, sesgada, poco empática y despreciativa con los usuarios, los empleados del Tranvía de Tenerife han acordado “putearnos” mediante la fórmula de la confusión. Es muy probable que estos días cuando vayas a coger un tranvía, el panel informativo del andén marque que restan 2 minutos para la llegada del próximo vehículo, y automáticamente cambia para reflejar 12 minutos, 20 o 28 para el siguiente. Tú, confiado de la credibilidad de esa información, tal y como siempre ha sido, te sientas a esperar su llegada sin saber a ciencia cierta en que instante se producirá, porque aparecerá cuando le de la real gana, o lo que resulta incluso más molesto, pasará de largo con las luces apagadas y su indicador luminoso con un enorme “Fuera de Servicio”.

Los andenes abarrotados de usuarios que lo único que desean es llegar a tiempo a sus casas, trabajos o colegios, ninguneados por una huelga que a estas alturas de la película, se muestra poco efectiva, poco efectista y muy insolidaria con aquellos que utilizamos este medio de transporte, pagando religiosamente nuestro bono o billete, aún a sabiendas de que se trata de uno de los servicios públicos de transporte más caros de todo el Estado español.

Y es ahora donde la empatía con sus trabajadores se ha convertido en una total y absoluta repulsa a su huelga, o para ser más preciso, a la fórmula empleada. ¿Por qué los perjudicados en esta guerra de empresa, tenemos que ser los usuarios? ¿Por qué estafar y engañar a los usuarios creando confusión en los andenes, día sí y día también? Cabrear a quienes pagamos por viajar, no va a solucionar los problemas de aquellos que no han sabido gestionar y canalizar sus protestas con quien realmente tiene la culpa de lo que exigen como derechos maltratados.

La responsabilidad y dirección de las protestas debe estar focalizada en el Cabildo de Tenerife, y concretamente en la figura de su Presidente, el señor Carlos Alonso, quien a estas alturas de su carrera política bajo el escudo de Coalición Canaria, puede presumir de ser el peor gestor de la corporación insular que ha existido, sin desmerecer al populista y desaparecido Adán Martín.

El señor Alonso únicamente ocupa la primera línea de la noticia cuando el resultado le hace quedar bien en el selfie. Este presidente puede presumir de ser el que más fotos ha protagonizado en las que ni pintaba, ni pinta. Así podemos ver una instantánea sobre la inauguración de un baño público o una pocilga para el cochino negro, y por alguna esquinita se colará el mentado político para que los medios recojan su presencia en tan ilustre ocasión. Sin embargo cuesta verle remangado y dispuesto a sentarse con los representantes de los trabajadores de la empresa Metropolitano de Tenerife.

Es sabido que en este tipo de reuniones no se invita a Pepe Benavente a canturrear, ni se entregan bocadillos de mortadela o llevan a los abuelos de excursión preelectoral. Es sabido que en este tipo de negociaciones, las fotos “queda guapo” no son las que focalizan la atención, y que posiblemente el presidente insular puede salir con la cara colorada, descompuesta o derrotada.

Esta huelga sádica únicamente perjudica a quienes viajamos en el tranvía y merecemos un servicio de alta calidad. Los únicos responsables de este conflicto son los trabajadores de la empresa, que deberían cambiar la fórmula del abuso al usuario, por la de la presión efectiva. ¡Paren el 100% de los servicios! ¡Corten las vías! ¡Vayan a las puertas del Cabildo y dejen allí las sacas de malestar y protestas! Que sea el Cabildo quien apechugue con esta insolidaria huelga que se está dilatando meses y meses.

Como usuario prefiero que corten el 100% del servicio o dejen inservibles las vías, a que nos chuleen estableciendo horarios anárquicos y confusos. Al menos deberían dar al usuario la oportunidad para decidir cambiar el tranvía por una guagua mientras dure esta funesta y circense huelga.

Siento decirlo, pero a estas alturas no puedo comulgar con los trabajadores del tranvía. Cuando las protestas se ceban en aquellos que no tenemos culpa y además somos los que pagamos el servicio, se pierden todos los argumentos y cualquier posibilidad de empatía. Lo que los responsables de esta huelga están practicando con los usuarios, es simple y llanamente sadismo.

Algo ha cambiado en esta sociedad para que aquellos que salíamos a las calles a cortar carreteras y gritar nuestros derechos estudiantiles, estemos siendo testigos de una huelga desinflada, poco directa y mal enfocada. Ahora ya no se grita y encadenan los trabajadores en medio de las carreteras, ahora soplan el pito y tocan el tambor a la hora convenida y durante el ratito convenido, no vaya a ser que el Sistema se moleste como en aquellos tiempos en los que el NO-DO desprendía olor a naftalina.

Modificado por última vez en Lunes, 25 Febrero 2019 12:22