Viernes, 12 Abril 2019

La derechona que no se esconde

 
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Canarias Plural © Juanca Romero H.

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Aquellos que ya tenemos algunos años y comenzamos a pintar notables canas, recordamos los días en los que los ciudadanos salían a las calles con “agua y jabón” para limpiar los muros del fascismo que impuso aquel señor bajito con voz aflautada a los que muchos llamaban generalísimo, pero que yo prefiero llamar dictador. La década de los 70 y buena parte de los años 80 aún conservaban un fortísimo olor a naftalina, y en los tímpanos más envejecidos se escuchaban los ecos del NODO, una especie de telenovela en la que el protagonista era el malo o el menos bueno.

Y en las décadas sucesivas, y concretando en el ámbito político, hemos asistido a una especie de bálsamo en el que una fina capa de perfume con olor a Varón Dandy ha ejercido de protector frente al mal olor que desprende cualquier charco de porqueriza. Siglas políticas como las del Partido Popular (en adelante PP) abanderaban la supremacía derechona siempre mal disfrazada de liberalismo conservador o centro reformista. Pero un día del pasado no tan lejano, apareció en escena un señor completamente en pelotas para desde Barcelona mostrar al resto del Estado español que la derecha puede disfrazarse sin ropa, y que los “peperos” tonos azules que brillaban hasta entonces cara al sol, ahora se tiñen del naranja ciudadano, de un color tan vivo y mediterráneo como el que representa el partido que actualmente lidera un tal Alberto Carlos Rivera Díaz.

Ahora en “las Españas” se premia la entrada a los burdeles de aquellas parejas bien avenidas que acudan al espectáculo acompañadas de un tercero. No importa si el convidado es de piedra o las tira. No importa si va subido a caballo, pistolas en mano, o sufre erecciones cuando un toro es asesinado en una plaza pintada de blanco y negro, entremezclada con sangre. Ahora la derecha política española se viste de rojigualda hasta en el color de los condones que no recomienda utilizar. La derecha “pepera” está radicalizando sus posturas al compás que le marca el facherío latente que promulga el Sinatra español, que no es Bertín Osborne sino un tal Santiago Abascal, líder de VOX, el partido del sonoro y receloso logo de color verde mugre al que propios y extraños parecen tener miedo.

Y así, a modo de Jinetes del Apocalipsis a falta del gallo tapado que haga el número cuatro, avanzan por la amplia Castilla tres hombres españoles de verdad, de esos que conocen los entresijos de una buena aplicación de gomina, y se postulan como el tripartito de salvadores de una patria que se descompone por los cuatro costados. Veremos en las próximas dos citas electorales si España sigue bajo los hilos de un fascismo camuflado y permanentemente enfrentado con los bermellones y perroflautas, o por el contrario se instaurará de forma permanente el pestazo de la derechona del “yo la tengo más grande, larga y gorda”.

El azul, el naranja y el verde, se enfrentan al rojo y el morado en una especie de orgía sin precedentes. Curioso que la mezcla de tanto colorido de como resultado un arcoíris que nadie consigue ver en tiempos de tormenta.

¡Disfrutemos del valor de la democracia!, al menos mientras se deje ver entre tanto disfraz de pirata, torero y cowboy de la España profunda.

 

Twitter del autor: @JuancaRomeroH

 Facebook del autor: @JuancaRomeroHasmen