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Viernes, 08 Febrero 2019

Rennes-le-Château

  CP Redacción
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Rennes-le-Château 

 

A muchos no les sonará de nada el nombre de Rennes-le-Château, pero ya adelanto que se trata de uno de los enclaves más interesantes que podemos encontrar en Europa relacionado con algunas historias controvertidas, llenas de incógnitas y muchas de ellas aún por resolver. El escritor andaluz Óscar Fábrega Calahorro en su libro “Prohibido excavar en este pueblo” publicado en 2013, pone luces y taquígrafo sobre las verdades y enormes mentiras que se han escrito y publicado sobre el que para muchos es un lugar tocado por lo sagrado y divino. Con él, pude charlar ampliamente cuando vio la luz este interesante libro, y algunos años después he decidido volver a publicar la entrevista resultante de aquella amena conversación.

 

El pueblo de Rennes-le-Château se ha hecho conocido por historias relacionadas con los merovingios y claves ocultas ilustradas en libros como “El Código Da Vinci”. ¿De verdad es un punto geográfico tan importante? 

- Bueno, lo es, aunque posiblemente no debería serlo. Es un lugar especialmente bonito y atractivo para viajar, situado en pleno Languedoc, tierra de herejías y de Historia en mayúsculas. Pero, por otro lado, gracias a todo el misterio que le rodea, desde que aquel humilde cura rural, Bérenger Saunière, se hiciese rico de la noche a la mañana, sin que se sepa muy bien por qué, se ha convertido, en un principio, en punto de encuentro para los buscadores de tesoros y, posteriormente, en una de las “mecas” del misterio de Europa. El lugar tiene una atracción especial para los aficionados a los secretos y enigmas de la historia. Incluso para mí es un lugar tremendamente magnético, a pesar de que mi postura en este tema es bastante escéptica.

 

¿“Prohibido excavar en este pueblo” es un libro que excava donde otros no lo han hecho antes?

- Sí, al menos en lo que se refiere a libros publicados en España sobre este tema. Aunque es cierto, por otro lado, que sí existe una escueta bibliografía crítica sobre el supuesto misterio de Rennes-le-Château en el extranjero. Sea como sea, la mayor parte de los libros que existen sobre esta oscura trama son seguidistas, acríticos y defienden teorías y versiones de la historia que, siendo generosos, son bastante dudosas, más que nada porque no se sostienen con pruebas sino con habladurías, rumores y deducciones arriesgadas. Es realmente alucinante la de cosas que se han escrito al respecto sin la más mínima base.

¿Es esta una historia de “piratas” y tesoros?

- Efectivamente. De tesoros porque desde un primer momento fue la hipótesis más extendida y aceptada para explicar la súbita riqueza del abad Saunière. Y es que desde que en 1956 aparecen las primeras noticias en los medios, afirmándose que el tesoro era tan enorme que no pudo gastarlo el curita en su totalidad, se produjo una auténtica fiebre del oro en Rennes-le-Château que llevó a que, curiosamente, en 1965 el ayuntamiento decidiese prohibir las excavaciones en el pueblo… de ahí el título de mi libro.  Y de piratas porque las siguientes explicaciones al misterio fueron por otro camino, un camino lleno de mentiras, de inventiva y de mercenarios del misterio con más ganas de vender libros que de encontrar la verdad.

Quizá el punto neurálgico del lugar, esté en la iglesia. ¿Hay pruebas que demuestren que en ese templo no solo se celebraron ritos de la liturgia cristiana?

- No, contundentemente no hay pruebas que demuestren algún tipo de rito o conducta heterodoxa en la iglesia de Rennes-le-Château. Muchos han querido ver en la iconografía del templo alusiones a la masonería o a los rosacruces, o a versiones alternativas respecto a Roma de la historia de Cristo (por ejemplo, la curiosa creencia de que tenía un hermano gemelo, Tomás). Pero en realidad no hay una mayor carga simbólica de la que puede haber en muchos otros templos. Por otro lado, gran parte de los supuestos símbolos han sido malinterpretados o, directamente, usados en un sentido contrario al real. Para mí, si hay algo que destaque de esta iglesia es lo estresantemente recargada que es. Tanto que llega a abrumar al visitante. Claro, algunos hasta en esto han querido ver una intención “demoniaca”, planteado que nuestro abad quería provocar eso en los fieles. Yo creo que era simplemente un hortera con dinero.

¿Fue el párroco Bérenger Saunière un vividor, un ladrón, un hombre con influencias o una mezcolanza de todo esto?

- Desde mi punto de vista, y desde lo que parecen gritar los hechos, no fue un hombre con influencias. Fue un curita rural, mujeriego y aficionado en exceso a los placeres del etanol, que tuvo la fortuna (a mi entender y sin pruebas que lo avalen) de encontrar un pequeño tesoro que le permitió vivir como un marqués, tener una amante mucho más joven que él y gastar cantidad ingentes de ron exportado de Jamaica. Por otro lado creo firmemente que no fue para nada un tipo alejado del cristianismo romano en el sentido espiritual, aunque con la vida que llevaba pareciese lo contrario. Un hombre cargado de contradicciones, como todos.

¿Qué papel juega Pierre Plantard en toda esta historia de historietas?

- Plantard es el hombre. Es el motivo. De hecho, para mí, escribir sobre Rennes-le-Château ha sido una excusa para escribir sobre Pierre Plantard, un megalómano con delirios de grandeza que con solo diecisiete años ya había formado su primera sociedad “secreta”; que con veintiún años le escribió al Mariscal Petain ofreciéndose a sí mismo y a todos sus “súbditos” para acabar con el contubernio judeomasónico que estaba amenazando a la Francia ocupada;  que en los años sesenta se atribuyó haber sido parte esencial en el complot que llevó de nuevo al trono al general Charles De Gaulle para evitar la independencia de Argelia; o que, terminando, se sacó de la manga una orden secreta, el Priorato de Sión, elaborando en torno a ella un corpus impresionante de datos y mentiras mezclados a la sazón.  Un gran mentiroso. Pero un mentiroso extraordinariamente curioso y fantástico. Como decía, el verdadero motivo y el centro sobre el que gira “Prohibido excavar en este pueblo”.

¿Cuál es según tu criterio –más que solvente por otra parte- la gran mentira que envuelve a Rennes-le-Château?

- La gran mentira viene a ser la planteada desde mitad de los años sesenta, hasta la actualidad, por muchos autores que se han dejado llevar por las informaciones vertidas por Pierre Plantard. Este señor pretendía relacionar el supuesto hallazgo de Bérenger Saunière con la existencia de un linaje, mantenido en secreto durante siglos y custodiado por el Priorato de Sión, que procedía de los antiguos reyes Merovingios. Según esta versión lo que encontró nuestro curita fue la prueba que demostraba la continuidad de este linaje. Este germen fue llevado hasta límites casi grotescos por los autores de “El Enigma Sagrado” que plantearon la arriesgada posibilidad de que ese linaje, además, se correspondiese con los descendientes, agárrense los machos, de Jesús de Nazaret y María Magdalena. Sea como sea, al final de ambos linajes estaba, nada más y nada menos, Pierre Plantard, que sería merecedor, según esta alocada idea, del trono de Francia y descendiente del nazareno. Que se dice pronto…

¿Y la verdad más rotunda?

- La verdad más rotunda es que, desgraciadamente, en todo este mundo de la historia alternativa o de la historia oculta, en muchas ocasiones se dan por válidas informaciones sin someterlas al necesario rigor de la evidencia histórica. Es lamentable comprobar que en libros muy recientes, algunos de ellos españoles, se siguen asegurando cosas que son mentira. Y peor aún, se siguen aportando “novedades interesantísimas y exclusivas” sin la más mínima prueba. Y todo por vender libros. Una pena y un flaco favor para los amantes de estos temas

Uno de los iconos más conocidos, es el demonio que ocupa un lugar destacado en la iglesia. ¿Se ha magnificado la importancia de esta talla?

- Sí, se ha magnificado y mucho. Hay que partir de que no es normal que haya un demonio en el interior de una iglesia, aunque hay otros muchos casos. Por otro lado, siempre se ha dicho que se trata de Asmodeo, el guardián del tesoro del Templo de Salomón. Y en realidad no hay constancia de ello. De hecho, no sabemos de qué demonio se trata. Pero, si ponemos en su debido contexto esta trama, no es tan raro. En aquella época, finales del siglo XIX, Francia vivía una convulsa relación entre el poder político (republicano, masón y anticlerical) y el poder religioso (monárquico y conservador), en parte porque se le estaban recortando privilegios a pasos agigantados a la Iglesia. Pues bien, para mi está claro que este conjunto arquitectónico al que pertenece el demonio (que sostiene una pila de agua bendita, sobre la que a su vez se asienta un grupo de cuatro ángeles que forman con sus manos la señal de la cruz) es una metáfora de la situación política de la época de nuestro curita, el abad Saunière: el demonio representaría la república y el agua bendita y los ángeles, la iglesia que logrará vencerle.

 

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